Durante años fui fanática absoluta de Matrix. Nunca me ha llamado especialmente el género de ciencia ficción, creo que lo que más me conquistó de esta trilogía fue la pseudo-filosofía que se pregunta si vivimos en un mundo real o ficticio y la melancolía latente acerca de la alienación de la humanidad. ¡Toma ya!.
Lo que sentí en el quirófano cuando vi a mi hijo por primera vez fue como cuando Neo se da cuenta de que es El Elegido y empieza a ver y a entender Matrix. No lo dije en voz alta, pero lo pensé.

Mi percepción del mundo cambió. Una realidad que siempre había estado allí pero que yo no podía ver porque no había llegado el momento.
Desde ese día me he dado cuenta de que ya no puedo ver el mundo de otra forma, ahora lo veo como madre y es imposible desligarlo de cómo lo siento, lo entiendo y lo proceso. 
Hasta el momento justamente anterior, veía el mundo como hija. Ahora, cuando alguien me cuenta sus cuitas con sus padres mi primer pensamiento es siempre como madre. Me pongo el pellejo de esos padres y casi siempre puedo darle un enfoque distinto al que le hubiera dado antes.