Una amiga me acaba de recordar que trate este tema, que puede dar para muchos comentarios.
– Ah, es que tu eres primeriza, ¿no?.

– Sí (y tú una listilla con incontinencia verbal, ¿verdad?).
No sé qué impresión os producirá a los demás, pero yo creo que la denominación “primeriza” tiene una fuerte carga negativa. Parece que sirve para designar a todas aquellas madres que sólo tienen un hijo y que son poco hábiles, aprensivas, quejicas, pusilánimes e hipocondriacas. Y aunque la suelen utilizar con soltura todo tipo de personas, predominan las marisabidillas, esas madres múltiples que se creen mejores que nadie por  el mero hecho de haber criado varios hijos (o madres de un solo hijo, ya adolescente), aunque lo hayan hecho sentándolos delante del televisor horas y horas y dejándolos dar por el c* a todo el mundo en restaurantes, centros comerciales, plazas y parques.
Porque en la mayoría de los casos, “primeriza” equivale a mujer tontita y torpe, como si tener un sólo hijo te hiciera estúpida y tener más de uno te convirtiera, por ciencia infusa, en una experta en todo. ¡Menuda sandez!.
Las generalizaciones son malas y las mujeres, peores. Dos topicazos en uno, pero creo que son completamente ciertos. Cuando alguien te llama “primeriza”, a mi siempre suena a sorna, a recochineo.
Casos absurdos del empleo de la expresión:
– Estoy enamorada de mi hijo.
– ¿Eres primeriza, no?.
– ¿Perdona?. ¿Es que del siguiente no voy a estar enamorada?.
– No me gusta que manoseen la cara ni las manos de mi hijo.
– Eso es porque eres primeriza.
– Lo que tu digas. ¿La higiene va en relación inversamente proporcional con el número de hijos?. Pues yo conozco un par de casos de bebés de menos de un mes ingresados por bronquiolitis y gastrointeritis. Así que llámame lo que quieras, que yo seguiré vigilando la higiene.
– No soporto que mi hijo llore, soy incapaz de dejarlo en la cuna llorando.
– Claro, es que eres primeriza.
– Ya. Así que, según tú, cuando tenga varios hijos me importará un carajo que lloren, por muy bebés que sean. Pobrecitos los tuyos.
Se me ocurren más ejemplos. Muchísimos más. Porque el calificativo te lo pueden aplicar en cualquier conversación, digas lo que digas.
Concluyendo: sin dejar de reconocer que la experiencia es un grado, me parece tristísimo el empleo que se da a este calificativo y a mi, personalmente, me pone de muy mal humor.