Después del fracaso de la operación pañal de principios de mes me quedé un poco pensativa. Aplicando el principio de que la hierba siempre parece más verde en el jardín del vecino, empecé a ver niños sin pañal por todas partes, operaciones pañal increíblemente exitosas… me sentía como cuando estás intentando quedarte embarazada, llevas meses intentándolo y todas lo consiguen menos tú … así que de un tema que no me preocupaba lo más mínimo empecé a darle demasiadas vueltas, a preguntarme ¿no lo va a conseguir nunca?, ¿supondrá un problemón de cara al cole si le llevo con pañal? y, la más importante con lo molesto que está el niño con él puesto, ¿cómo es posible que yo no haya sido capaz de encontrar una forma de motivarle?.

Entendí, de pronto, a todas las que han pasado malos ratos con la retirada del pañal. No comprendía la comedura de tarro que se puede llegar a tener hasta que lo viví en mis propias carnes. Parece una cosa sencilla pero puede llegar a ser taaaaaan complicado…

En fin, que como expliqué y como me aconsejó todo el mundo, nos dimos un tiempo. Tiempo al nene para que olvidara el experimento fallido, tiempo a Bebé para crecer un poco e irnos acoplando algo más y tiempo a nosotros los padres para coger fuerzas antes de intentarlo de nuevo.

La semana pasada sentí que era el momento y decidí probar nuevamente:

– Comprometiéndome esta vez conmigo misma a no tirar la toalla tan pronto,

– Dispuesta a encontrar una forma de motivarle (¡que alguna tenía que haber!) y

– A pensar que, vista su incomodidad, esto era algo que había que hacer sobre todo por él mismo y su bienestar, es decir, a verlo como algo muy positivo y no como una tortura para todos.

Y no sé si es que efectivamente acerté con el momento en el que él podía conseguirlo, o que mi motivación fue otra y se lo transmití desde el principio pero la operación ha sido un éxito desde el comienzo.

El pis ha sido visto y no visto. Se levantó un día de la siesta, le puse un calzoncillo, le expliqué que a partir de ahora ya no iba a llevar más los pañales porque no le hacían falta, que había que hacer pis y caca en el baño, bien en el WC o bien en el orinal, que había que avisar cuando tuviera ganas, que nosotros nos íbamos a poner súper contentos y que cuando lo consiguiera tendría un premio en forma de chocolatina. Funcionó. Desde el primer momento comenzó a hacer pises en su sitio sin tener ningún escape, a lo sumo alguna gotilla en el calzoncillo los primeros días, pero enseguía retenía e íbamos al baño.

Vencer su resistencia para sentarse en el baño no ha sido fácil. El tema de las chocolatinas, aunque no me guste como idea, ha sido un acierto, el chocolate le motiva mucho. Y mucha paciencia, decirle que eso no da miedo sino que es muy divertido, que hacer pis como los papás mola mucho, que es muy mayor, que a ver si enseña a su hermano pequeño a hacer lo mismo, cogerle la mano, abrazarle, etc etc. Me he dado cuenta de que el motivo principal de su negativa era no querer sentarse sin tener ganas de verdad, por lo que en los últimos días le estoy dejando que sea él quien decida cuándo quiere ir… y, bueno, no me parece muy sano hacer pis tres veces al día nada más, pero al menos es él quien decide voluntariamente ir al orinal y, no sólo eso, sino que decide si quiere hacerlo en el WC (por cierto, en vilo mientras le sujeto, sin adaptador, no lo quiere) o en el orinal, según le de.

El éxito con el pis ha sido tan increíble que el tercer día dejé de ponerle pañal en la siesta y al siguiente le quité el de la noche. Vaya, que ya no lleva pañal en ningún momento y todo esto en una semana y sin escapes.

La caca va peor. Él hace un día sí un día no, más o menos. La primera vez que tocó se lo hizo encima. La segunda vez que tocó estuvo aguantándose desde mediodía hasta la noche, con pequeñas pérdidas y muuuucho lloriqueo y al final le tuvimos que poner un pañal porque estaba sufriendo muchísimo y era incapaz de superar el miedo que le daba. La tercera vez que tuvo ganas se produjo un drama de casi tres cuartos de hora pero finalmente le dejamos solo en el baño y fue ahí cuando él mismo se sentó en el orinal, hizo ambas cosas y luego nos llamó. La cuarta, que ha sido ahora mismo, se la ha vuelto a hacer encima aunque en parte ha sido culpa nuestra. Ha avisado, ha querido sentarse en el WC (donde es más dificil hacer caca), no ha querido quedarse en pelotillas y en cuanto le hemos puesto el calzoncillo se la ha hecho ahí.

¿Qué le queda por superar? A parte del tema de la caca y que, obviamente, todo esto se convierta en algo normal y no sea necesario hacer una gran fiesta cada vez que va al baño y tener que premiarle, falta que pueda hacer sus cosas fuera de casa. Hemos intentado que aprenda a apuntar con la colita o que haga pis sentado en vilo como las niñas, pero no quiere, lo primero porque no quiere cogerse la colita ni que se la toquemos y lo segundo porque no le da seguridad. También faltaría que se de cuenta de que es tontería ir al baño solamente cuando ya no puede más, que es mejor ir más veces al día.

Decir que estoy contenta es poco. No esperaba que fuera tan (relativamente) sencillo y desde luego que no esperaba conseguirlo ahora mismo, porque aunque nos quedan algunas cosas pendientes por superar, doy la prueba por superada y podemos decir ¡bye bye pañales!.