Han vuelto los chillidos. El domingo tuvimos un día espantoso y ayer no fue mucho mejor. Me consuela que, esta vez, creo haber encontrado la causa: a mi bebé le están despuntando, a la vez, los dos dientes de abajo. Ayer ya se podía ver el filo de la encía trasparente y los dientes reluciendo debajo, además de que al pasar la yema del dedo se notaba rasposo, afilado. Espero que sea cuestión de días que terminen de salir por completo porque mientras tanto sufrimos todos. Mi hijo pegando unos berridos horrorosos, alternándolos con lloros varios y mi marido porque ha descubierto un daño colateral y una palabra nueva: acúfenos. 
El descubrimiento de la palabra (y de la patología, si puede llamarse así) ha venido dada, precisamente, por el tema de los chillidos. Me puse a buscar en google testimonios de otros padres cuyos bebés estaban poseidos por el demonio de los gritos y, ¡bingo!, resulta que algunos sufridos progenitores acaban padeciendo de dolor de oídos, zumbidos y otros sonidos “raros”, producidos, precisamente, por esos chillidos tan intensos y continuados en el tiempo.
A mi marido le ha encantado la palabra y desde que sabe que no es un invento suyo, sino que el tema existe de verdad, parece que se siente más aliviado.