Lo dije hace no mucho: me pone el amor. Hoy voy a explicarlo.

En la adolescencia intenté luchar contra mi propia naturaleza, contra el hecho de que no podía estar con ningún chico por el mero placer de enrollarme con alguien, sin sentimientos ni nada, pero lo dejé por imposible. Lo intenté, sí, porque ir a contracorriente en esto nunca ha sido fácil. Pero no me salía.

Nunca pude estar con nadie que no me gustara de verdad, de esto que sientes de todo en el estómago, y dedicas horas y horas a pensar en él y a mandarle mensajes al móvil, mails, etc. Vamos, que mi marido está la mar de tranquilo porque sabe de sobra que jamás en la vida le pondría los cuernos. Aunque esto tiene un riesgo, remoto, sí, pero ahí está: que me enamore de otro y le plante.

Dejando esto a parte, yo he sido de estas que los guaperas nunca me han hecho gracia. Hombre, algunos más que otros, pero en general la belleza exterior me ha importado siempre muy poquito. A lo mejor nací con el mecanismo averiado, porque a mi me plantas a un guaperas delante y salvo que me enamore de él, crudo lo lleva.

Creo que en esta época tenía el modo-familia on. Es verdad que alguna de mis elecciones hubieran conducido a cualquier sitio menos a comprarnos un piso, pero siempre hubo amistad, admiración, intereses más o menos comunes, etc. De mi marido me enamoraron muchísimas cosas, no puedo elegir sólo una. Pero sí puedo decir que cuando mi radar en modo-familia le detectó, supe que era para mi.

Cuando estábamos intentando quedarnos embarazados, me di cuenta de que miraba a los hombres con hijos con especial detenimiento. No con morbo ni nada de eso… ya digo que yo si no hay amor nada de nada… pero sí con mucha curiosidad, con interés, así en plan “mmm, este ha tenido un hijo, debe tener buenos espermatozoides, ¿a ver, qué genes puede aportar?“. Lo que es la naturaleza humana. En ese momento yo estaba en modo-reproductivo y los únicos hombres que me interesaban eran los que, potencialmente, podían darme un hijo. Enésima demostración de que esto de la maternidad es puro instinto.

Ahora estoy en modo-madre, por lo que los maromos que más me gustan son los super padres. Hombres sensibles, románticos, tiernos, dulces y atentos con sus hijos. ¡Me derrito!. Vamos, si es que yo cuando veo a mi marido hacerle cositas a mi hijo, ¡me entran sudores!.

Para que entendais a lo que me refiero, una muestra es el padre del nuevo anuncio del metro de Madrid.

Ale, ya os podeis reir de mi.