Nuestra maternidad ha sido… INTENSA. Seguramente sea una buena palabra para definirla.

Más de seis años ya desde que me convertí en madre, de los cuales casi cuatro los he ejercido de madre por partida doble con un bebé de alta demanda… lo que podría equivaler a ser madre de tres o cuatro, mínimo.

¡Echo la vista atrás y me visualizo como en un número circense haciendo equilibrios sobre una cuerda floja y moviendo diez pelotas en el aire!

Sea como sea, tras una Navidad en la que combinar una punta tremenda de trabajo y la atención que la crianza de mis hijos requiere nos ha puesto al límite, llevo unas semanas sin parar de darle vueltas a la cabeza. Cómo son los buenos momentos, cómo se quiere a los hijos, que absolutamente todo lo malo queda soterrado por los instantes felices.

Si me lees porque vas a ser madre, o te lo estás planteando, o tienes un bebé pequeño, te voy a decir una cosa que a mi me hubiera encantado que me ayudaran a interiorizar: hay 3 cosas que no te puedes perder si vas a ser madre.

 

– AL MENOS UNA SEMANA DE LACTANCIA MATERNA EN CONDICIONES.

No te estoy diciendo que des el pecho durante años o que mantengas seis meses de lactancia materna exclusiva. No te estoy diciendo que tienes que dar el pecho sí o sí.

Pero sí te pido, por favor, que lo pruebes.

Y fíjate que no lo digo solamente por tu bebé, que los beneficios son obvios, te lo digo por ti.

Porque si no lo pruebas, o si pruebas y lo dejas porque la lactancia va mal, la mala sensación no te la vas a quitar nunca.

Y te lo digo porque yo lo he vivido. Cuando una lactancia va mal y lo dejas ¡es una liberación! De pronto empiezas a disfrutar de tu hijo, de tu maternidad y todo parece que empieza a rodar. Sí, pero el poso que te queda es amargo y las ganas que te quedan de volverlo a intentar en un futuro o de recomendárselo a alguien son escasas.

Poder alimentar a tu bebé con la leche que produce tu cuerpo para él, sin esfuerzo, sin dolor, sin sufrimiento, verle cómo se queda satisfecho, cómo le resbala una gotita por la comisura de los labios…

Es una sensación tan grande que me daría mucha pena que te la perdieras.

Pruébalo y si luego decides no seguir, no sigas.

Pero no te quedes sin saber lo que es porque probablemente te estés perdiendo una de las sensaciones más maravillosas que una mujer pueda experimentar en su vida.

 

– DORMIR CON ÉL, AUNQUE SEA UNA SÓLA VEZ EN VUESTRA VIDA.

No sé si el colecho es la mejor opción para todas las familias. Francamente, creo que cada familia debe encontrar la mejor manera de que todos duerman a gusto.

Así que si no quieres dormir con tus hijos en la misma cama de forma habitual, no lo hagas.

Pero al menos una vez, date el gusto de acostaros juntos.

Pocas cosas infunden mayor paz y ternura en el mundo que dormir al lado de tu hijo, escuchando su respiración, observando com sonríe mientras duerme, pudiendo tocar su carita…

 

– LLEVAR A TU BEBÉ EN UNA BUENA MOCHILA ERGONÓMICA.

Tengo pendiente un post con una anécdota que me pasó hace poco y que creo que es muy representativa de lo que quiero decir en este punto.

La maternidad es una “materia” muy grande y no siempre nos sentimos interesados por todos y cada uno de los puntos que forman parte de ella. Es comprensible. Así que entiendo que el porteo en sí, como forma más o menos “espiritual” de conexión y cuidado de tu bebé, quizá a ti no te haya llamado la atención, quizá no te hayas planteado que pueda ser para ti.

Pero lo que tengo claro es que de alguna forma tendrás que transportarle hasta que camine con la suficiente autonomía como para no cansarse y que de alguna forma tendrás que calmarle cuando necesite consuelo, tu contacto y tus brazos. Como esto es común a absolutamente todas las familias, no te quedes con el clásico empujar el carrito por calles empinadas, llenas de obstáculos, por escaleras mecánicas, por el esperar un ascensor durante minutos que siempre llega lleno, con el mete-saca-monta-desmonta constante del maletero del coche, con el dolor de brazos, el dolor de espalda, con la frustración de un niño que llora horas y horas, con la frustración del no le cojas porque se acostumbran a los brazos

Créeme, el cambio que va a dar tu vida cuando empieces a usar una buena mochila ergonómica va a ser tremendo. Se acabaron las barreras arquitectónicas, se acabó el no poder hacer nada porque siempre le tienes en brazos (¡ahora los tendrás libres!), se acabó el dolor de cuerpo y la pereza de salir a la calle con un carrito inmanejable.

Ya verás cómo te sorprendes cuando coloques a tu bebé por primera vez y se quede dormido con una paz como la que nunca habías visto antes. Cuando le tengas al ladito de tu corazón, oliendo su cabecita, al alcance de tus besos.

Ya verás lo increíble que es el porteo cuando compruebes que llora menos, que está más relajado todo el día, que no se pasa de rosca a última hora del día, que regurgita muchísimo menos, que duerme más y mejor.

Ya verás que, si tenías dudas al principio, luego no te la querrás quitar.

 

Cuando nos estrenamos como madres es normal tener dudas, incluso miedos.

El entorno muchas veces no ayuda. Te dirán que si haces todas estas cosas que te recomiendo nunca sacarás al niño de tu cama, ni de tus brazos, ni de tu pecho. Pero somos miles de madres las que te podemos asegurar que eso no es cierto.

Tu niño necesita de ti, de tu calor, tu contacto, tu presencia. Es su naturaleza mamífera y es normal.

Antes de que te des cuenta ya no estará mamando, ni en tu cama, ni en tus brazos. Mi hijo de seis años apenas mira atrás cuando entra en el cole ¡y hace dos días dormía enroscado a mi!

Si dejas pasar estas cosas, no pasará nada, el mundo no se acabará. Pero el tiempo vuela y estos instantes se van para no volver. Para entonces, los opinólogos ya estarán a otros temas pero la madre siempre serás tú.

Toma las decisiones que encuentres más acertadas para tu familia, pero al menos date una oportunidad de probar las grandes experiencias de la maternidad y así podrás saber, de verdad, si son para ti o no.

Foto | Tatiana Vdb en Flickr CC