El comienzo del mes de febrero fue tan tranquilo que pensé que iba a dejar de hacer estos resúmenes de forma mensual porque no iba a haber ningún cambio que contar. Sin embargo, ha sido más bien todo lo contrario: en los últimos días de mes se han producido varios cambios importantes, incluso espectaculares, mucho más que en otros meses anteriores.

El cambio más increíble ha sido el del lenguaje. De la noche a la mañana, como si de pronto se le hubieran conectado las neuronas implicadas en estos procesos, ha empezado a hacer frases con mucha más soltura, expresándose mejor y, por fin, creando (y no sólo utilizando frases memorizadas y repetidas en el momento oportuno). En los últimos diez días ha sido un no parar de expresiones nuevas, de frases elaboradas como nunca hasta entonces y de momentos de reirnos a carcajadas como cuando la semana pasada le fui a poner el helado de chocolate que me había pedido y me dice:

No, mamá, ese no es, ¡no se guta!, llévatelo, ¡estoy enfadado!

De hecho, al margen de ser capaz de elaborar frases sin tener que recurrir a lo memorístico, otra de las novedades importantes es que ha empezado a expresar mucho mejor sus sentimientos, poniéndoles nombres: estoy triste, estoy enfadado, estoy cansado, no me gusta, no quiero, lo he pasado muy bien

Como dije hace un tiempo, esta nueva expresividad me ha hecho constatar que el nene no hablaba más y mejor porque no podía /no sabía / no quería, pero que sí que tenía cosas que expresar y precisamente la carencia de lenguaje le afectaba y mucho a su vida diaria. He comprobado que tiene su entorno controladísimo, por ejemplo, que si estamos en la cama y  escucha a su padre hacer click con el ratón sabe que “es papá, está en el ordenador”  o que reconoce perfectamente el maullido de cada gato sin necesidad de verlo o que sabe que “los vecinos hacen ruido“.

Aunque esto ya viene de meses atrás, su gusto por la música va en aumento y ya hay muchas canciones que se sabe. Una de las cosas que más le gusta hacer es ver vídeos de canciones infantiles en YouTube… Impresionante oirle cantar “we want cake, where’s our cake?” de la canción Sevens de TMBG.

Porque esa es otra, el inglés le encanta. Este fin de semana nos sorprendió con dos palabras nuevas en este idioma: candy cane y reindeer, pronunciadas que ni en Vaughan TV. Hemos perdido la cuenta de cuántas palabras en inglés conoce y utiliza de forma frecuente pero ha debe haber superado la treintena.

Creo que ha desarrollado mucho la imaginación y se inventa sus propias historias basadas en cosas que ha oído o visto. Está es quizá la parte que expresa peor porque muchas veces no sabes exáctamente por qué está contando lo que está contando y su discurso resulta un poco caótico, pero algo de eso debe haber cuando, por ejemplo, ha inventado que una casita que hay en un parque es la casa de Mary y el Corderito.

De la mano de la imaginación han aparecido los primeros miedos infantiles. Varias veces al día dice que ha visto un monstruo y que le da miedo, dinosaurios e incluso arañas en el baño. También le ha cogido bastante tirria al viento, que dice que hace mucho frio y le hace daño. Una ocurrencia tras otra, ¡vaya!.

En el plano físico, el cambio más significativo ha sido la evolución de los saltos. Hasta principios de mes saltaba con ambos pies a la vez y sin moverse del sitio. Ahora salta ya desde pequeñas alturas y obstáculos no muy grandes avanzando terreno, a veces con los dos pies y a veces con un pie tras el otro. En cuanto a movimientos, cada vez se le ve más niño, aunque todavía le veo un poco inestable en algunas situaciones y sigue sin prestar atención a las cosas que están a su altura, por lo que no hay día que no se lleve un coscorrón, por ejemplo, con la encimera del baño.