El peque cumple hoy 25 meses. Y es un día especial porque esta madrugada ha nacido la segunda hija de una gran amiga y estoy contentísima, una fecha imposible de olvidar (y eso que yo soy muy mala para las fechas).

Los últimos meses estaban pasando bastante rápido pero desde que me quedé embarazada el tiempo ha vuelto a detenerse, lo cual es, hasta cierto punto, estupendo. El mes de octubre lo he disfrutado mucho con mi hijo y me ha parecido un mes larguísimo.

Como viene siendo la tónica habitual, el mes ha sido estupendo en lo que a avances y cambios se refiere.

Probablemente el avance más significativo haya sido el del lenguaje. No deja de sorprendernos con la cantidad de palabras nuevas que aprende a toda velocidad, muchas sin que ni siquiera sepamos de dónde las ha sacado. Y poco a poco va construyendo frases muy básicas, creando, aunque todavía siga repitiendo muchas frases hechas. Esto nos ha permitido comprobar algo que muchas veces me he preguntado: si tenía vida interior. Parece una pregunta con una respuesta bastante obvia pero teniendo el lenguaje tan limitado como lo tenía algunas veces me he preguntado si no hablaba porque no tenía nada que decir o porque no sabía hacerlo. Ahora me queda claro que conforme va siendo capaz de expresarse, va contándonos cuáles son sus deseos o preocupaciones.

Por ejemplo, una de sus “obsesiones” es el símbolo de El Corte Inglés y, muy especialmente, las bolsas de esta tienda. A parte de que lo ve por todas partes (increíble hasta qué punto está extendido el logo), hay veces que se acuerda y así lo expresa, no digamos ya cómo reconoce los anuncios que emiten en la tele y hasta en los carteles que hay en las carreteras. Durante unos días he tenido en el suelo de la habitación dos bolsas grandes de esta tienda con la ropa de premamá y de postparto que usé en 2009 y cuando las he guardado no ha dejado de preguntar por ellas ni un sólo día, incluso las busca por la habitación para ver si logra encontrarlas.

Estar con él es cada vez más entretenido y todo se hace mucho más sencillo cuando ambas partes podemos hacernos entender.

Otro avance, un poco tonto, pero destacable por lo rápido que se ha producido, es el manejo de la moto que le regalamos para su cumpleaños. Mi marido estaba algo arrepentido de habérsela regalado porque no llegaba bien al suelo, se sentía inseguro y no sabía usarla por lo que había que irle empujando todo el rato y estaba harto de deslomarse (el padre, el peque estaba feliz). El niño prefería llevarla de la mano, cogida del manillar, que montarse encima. Sin embargo, en cuestión de una semana, ha empezado a usarla muchísimo y muy bien. Las tardes que podemos nos damos una vuelta bien grande con ella y no se baja en ningún momento, incluso sube y baja bordillos él solito, dirige la dirección y es capaz de subir todas las cuestas que tenemos en este barrio. De hecho, le encanta meterse por todas las zonas más díficiles, las llenas de hojas o por el césped, ¡lo suyo es el motocross!. Ayer por la tarde ya andaba cogiendo cierta velocidad con ella así que no me extrañaría nada que dentro de poco le vea hacer el cabra como hacen todos los demás niños. Increíble cómo la ha empezado a manejar en nada de tiempo.

Poco a poco estamos viendo cómo son las famosas rabietas de los dos años. Lo cierto es que hasta el momento, tocamos madera, son poco frecuentes y no muy fuertes. De hecho, no me canso de decir que ahora tiene un carácter muchísimo más suave y dócil que hace un año y que nada tiene que ver el día a día de ahora con el de entonces. Creo que estamos bastante curados de espanto. Sin embargo, no podemos negar que estas rabietas son distintas. Hace un año se tiraba al suelo (o le tenía que dejar yo para que no se lesionara), se daba golpes, chillaba y lloraba como si le estuvieran matando y podía estar así casi una hora sin que supiéramos el motivo ni admitiera contacto alguno. Ahora es muy evidente por qué se enfada, aunque a veces sea por cosas que nos parecen nímias, y en su cabreo intenta expresar el motivo por el que se pone así, aunque a veces de la pura rabia no consiga expresar nada. Tira lo que tenga en la mano o incluso si tiene mucha rabia cualquier cosa que le pille cerca. Incluso nos ha dado más de un manotazo y a mi me ha llegado a decir “mala“. Al mismo tiempo, tirar cosas o darnos es algo que se nota que le causa dolor y la dualidad es muy patente: es capaz de estar azotando los brazos sin ton ni son al mismo tiempo que abrazándose a mi como pidiendo perdón por portarse tan mal. Lo bueno es que es capaz de calmarse él solito en un tiempo relativamente rápido y muchas veces es capaz de expresar lo que quiere y podemos llegar a un acuerdo razonable, calmándose de inmediato. Creo que no nos podemos quejar.

¡Vamos a ver qué sorpresas nos depara noviembre!.