Aunque el tiempo parece haber pasado muy despacio, por otro lado me sorprende que ya haya superado el ecuador del embarazo. Supongo que cuando uno se encuentra bien el tiempo pasa más deprisa y eso que he sentido mucha impaciencia por conocer el sexo del bebé que espero. El embarazo de mi hijo se me hizo eterno pero estas primeras veinte semanas debo reconocer que han pasado bastante más rápido, sin duda también porque ando bastante más ocupada ahora que entonces. Es más, nunca pensé que lo diría, pero me está dando incluso cierta penilla que pasen los días y las semanas tan pronto porque ahora sí estoy disfrutando, dentro de lo posible, y me doy cuenta de que cuando me quiera dar cuenta ya habrá pasado otro tanto.

Del asma estoy algo peor pero sigo bien. A partir de la semana 16 noté que la tripa subió, empezó a abultarse más desde debajo del pecho, y en seguida noté que perdía capacidad pulmonar y que muchas noches me encontraba con algo de presión en el pecho y dificultad para respirar. También es verdad que el niño y yo hemos compartido un resfriado y un buen catarro y que este último nos dura ya veinte días y, claro, con tanto moco y tanta flema, es inevitable que algo repercuta. Pero subiendo de nuevo la medicación de momento estoy controlada y aunque ahora noto que ya pierdo el aliento si subo una cuesta empujando el carro o incluso a veces hablando por teléfono, puedo decir que estoy bien, aunque ya no tan bien como si no estuviera embarazada.

Tengo algunos achaques más pero son todos bastante leves. He empezado con amagos de calambres, supongo que están a la vuelta de la esquina. La espalda me sigue doliendo cada vez más en cuanto estoy mucho rato de pie o caminando. A veces noto que no me sienta del todo bien la comida o me duele el estómago si paso mucho tiempo sin comer. Sigo haciendo muchísimo pis pero ya no tanto como antes; ahora sólo me levanto al servicio dos o tres veces en toda la noche, frente a las cinco, seis, siete veces que me he estado levantando durante el primer trimestre. Sigo teniendo bastante sed y tengo sofocos, pero de momento mucho más llevaderos que en 2009, supongo que también influye que entonces hacía muchísimo calor y ahora hace bastante frío. Me cuesta bastante dormir y tengo unos sueños muy movidos pero estoy mejor de energía, incluso me siento llena de ganas de hacer cosas, especialmente cosas creativas. Sigo teniendo hambre a todas horas y me como unos platazos estupendos, además de que procuro atender a los antojos que tengo, pero de momento sólo he engordado de tripa y pecho, lo cual se ha traducido en poco más de un kilo en la báscula.

Me ha crecido mucho el pecho. Tengo más que nunca, más incluso que cuando me subió la leche. Ya tengo las areolas y los pezones muy oscuras y algunas veces he notado, que curioso, la típica sensación de subida de la leche. Lo único es que tengo los pezones como cuarteados, como la arena cuando se seca muchísimo por la sequía. Es como si fuera piel muerta pero muy gruesa, que se cae sobre todo cuando salgo de la ducha. Me pasó igual con mi hijo, es curioso.

Me pica bastante la piel de la tripa pero ya no me pica la piel del cuerpo y de la cara como en el primer trimestre. De momento me siguen saliendo granos, incluso algunos más puñeteros que los que tenía antes. A cambio, me dura más el pelo limpio y se me cae algo menos. Algo muy curioso es que me crece más despacio y menos abundante el vello corporal, algo que ya me había pasado con mi hijo y que agradezco un montón. Sin embargo, las uñas me crecen a toda velocidad.

Noto los movimientos del bebé desde hace mucho, ya lo contaré en otro post. De momento, parece que sus movimientos son más relajados y suaves que los de su hermano, no sé si eso tiene algo que ver en su personalidad al nacer, pero desde luego que noto la diferencia.

Ayer, por fin, estuve en la ecografía de las 20 semanas. Otra vez fui al señor este que tiene fama de ser uno de los mejores de España y debe serlo porque frente a los 15 minutos que recuerdo que tardaron en hacerme esta misma ecografía en 2009 en otro centro, me despachó en poco más de 5 minutos, que si me descuido ni me entero. ¡Vaya velocidad tomando medidas!. Está todo estupendo, el bebé parece un poquito más grande y unos 100 gramos más gordito que mi hijo en la misma ecografía (382 gramos calculó la máquina) aunque realmente no creo que eso sea demasiado de fiar. Le vimos la cara increíblemente bien porque estaba justo girado hacia el aparato pero las fotos que seleccionaron luego para el informe me parecen bastante malas. Estas son las dos que están algo mejor.

En cuanto al sexo, la situación fue la siguiente:

ECOGRAFISTA: Bueno, bueno, ¡cómo se mueve, mirad cómo mueve las manos, parece que está bailando sevillanas!.

YO: Sí, sí, si ahora mismo le estoy notando que se mueve mucho.

ECOGRAFISTA: Ah, ¿pero qué ya sabíais que es un varón?.

Glups. Tierra trágame. Y yo dos meses pensando que era niña.

YO: No… no lo sabíamos… he dicho “le” refiriéndome al bebé, en abstracto… o sea, ¿que es niño?.

ECOGRAFISTA: Sí, sí, es niño, mirad.

Toma foto en primera fila de una colita colgando del abdomen. Inconfundible.

¡Así que otro nene en la familia!.