El último mes se me ha pasado volando. Sin darme cuenta, ¡zas!, 14 meses. 
Confieso que cuando soñaba con tener hijos pero no tenía ningún niño cerca, un bebé de 14 meses me parecía ya un niño hecho y derecho y no un renacuajo como el mío… ¡lo que hace la inexperiencia!. 
Aunque ayer empezó a caminar solito y eso es un acontecimiento que deja atrás a todos los demás adelantos, lo cierto es que lo más destacable del mes de noviembre considero que ha sido lo que ha avanzado en cuanto a inteligencia, por llamarlo de alguna manera.
Me doy cuenta de que comprende muchas cosas, desde luego muchas más de las que aparenta. Aunque tenga sordera selectiva, he descubierto que entiende muchas frases habituales: dame la mano, vámonos, eso no, mira
Participa mucho más de todo lo que ocurre a su alrededor. Por ejemplo, antes miraba la tele embobado pero rara vez mostraba interacciones con la pantalla. Ahora se rie, agita los brazos, se lleva las manos a la cabeza, hace amago de aplaudir, señala… incluso a veces me ha parecido que señalando dice algo similar a ¡mira!.
Con nosotros pasa igual. Hasta hace nada, cuando nos veía hacer el ganso con el Cantajuego (al final vamos a acabar siendo fans, ya lo contaré) nos miraba divertido pero con cara de vaya dos. Ahora se ríe, agita los brazos y mira alternativamente a la pantalla y a nosotros, sabe que estamos haciendo lo mismo que lo que está viendo en la tele.
De vez en cuando me da besos. Además, sé cuándo me los va a dar porque se acerca y pone cara de amor. No es que se prodigue mucho pero cuando lo hace, ¡me encanta!.
Parece que está empezando a hacer más caso a los animales ya que  hasta el momento parecían invisibles a sus ojos. Le llama mucho la atención cuando la perra se pone a jugar con unos de nuestros gatos. Y ya no es raro que se acerque a ella y le intenté meter el dedo en el ojo o en el hocico, qué paciencia tiene la pobre, es una santa. Eso sí, sigue atropellándolos cuando va gateando o andando, como si fueran meros juguetes. Me pregunto hasta qué punto entiende que son seres vivos, si no los verá como meros objetos que se mueven…
En cuanto al lenguaje, sigue rajando por los codos en su idioma ininteligible. Ni rastro de aquellas palabras que parecía esbozar hace meses, ahora no se le entiende , más allá de que algunas veces repite las terminaciones de palabras que le decimos. Ah, y a veces empieza diciendo guli, guli, culi, culi, sacando mucho la lengua y así se pasa un buen rato, partiéndose de risa además al ver que nosotros hacemos lo mismo.
Viendo cuál ha sido su evolución con el caminar, que no se ha soltado hasta que ha tenido un buen nivel, creo que con el habla pasará lo mismo. Hay niños que enseguida dicen varias palabras pero no componen frases y otros que tardan más en decir algo pero el día que lo hacen utilizan frases completas. Veremos si me equivoco, pero mi intuición me dice que mi hijo esperará a hablar hasta que pueda componer una parrafada seguida.
De todas formas, yo ahora le entiendo bastante bien sin necesidad de palabras. Cuando estoy dándole de comer, se perfectamente si quiere agua, si quiere la comida de un plato o de otro o si quiere que le baje de la trona. Normalmente señala lo que quiere o me coge la mano y me lleva. Me acuerdo un día de los que estuvieron mis padres en casa que mi madre hizo tortilla de patata y yo saqué un puré congelado que había hecho antes de que me operaran. Constantemente señalaba el plato con tortilla y le cogía a mi madre la mano para que le diera más. 
La alimentación marcha muy bien por un lado y regular por otro. Muy bien porque siempre quiere probar lo que nosotros comemos, hasta el punto de ponerse pesadísimo. Le gusta todo lo que le damos y aunque no mastica mucho, se apaña para comérselo sin atragantarse. Le encantan las patatas fritas, el pan y los yogures. Aunque haya comido y haya tomado su postre, si ve que comemos nosotros se pone morado de todo lo que le damos, no admite que dejemos de darle hasta que recogemos la mesa. Tanto interés es bueno, desde luego.
El lado negativo es que ha probado tantas cosas ricas y es tan consciente de que nosotros comemos cosas buenas que los purés ya no hay quien se los meta. El tema puré viene siendo un problema desde hace tiempo, pero hasta el momento he podido engañarle dándole trozos suaves de cualquier otra cosa. El problema es que ahora ya ni engañándole, porque distingue perfectamente qué hay en cada plato y no quiere nada procedente del cuenco de puré. No tengo inconveniente en darle comida “más de adultos” pero me limita bastante su alimentación porque masticar no mastica y, por otro lado, la verdura y la fruta no se la come en trocitos… Aún así, no me puedo quejar, todo lo contrario, es un niño que nunca ha dado problemas a la hora de comer. 
El sueño ha empeorado, sobre todo en los últimos días. Lo cierto es que ya hace meses que no es infrecuente que por la noche se despierte dos, tres veces, llorando mucho. Hasta hace meses eran lloros medio dormido, probablemente pesadillas o terrores nocturnos. No era difícil volverle a dormir.
Ahora se está acostando bastante más tarde (de las 20h o las 20.30h habitual a que muchas noches nos den las 23h) y se está despertando casi todas las noches llorando al menos una vez. Dormirle es una ardua tarea cuando antes era posarle en la cuna y ya estaba frito. Ahora casi todas las noches nos tenemos que acostar los tres en la cama con él hasta que se duerme. Entonces le pasamos a su cuna y nosotros seguimos haciendo cosas en casa.
Cuando se despierta (curiosamente casi siempre sobre las 2 o las 3 de la mañana) el llanto es muy sentido y se espabila por completo. Normalmente se arregla cogiéndole y metiéndole en nuestra cama pero ha habido noches que era imposible conseguir que dejara de llorar. Lo único que lo ha remediado ha sido enchufarle la tele, ya sea Pocoyó o Baby Einstein. 
Son muchos los factores que creo que influyen: maduración de los ciclos del sueño, una etapa de muchos cambios como es el empezar a caminar y un gran achuchón de la boca. Aún así, creo que no puedo quejarme para nada de cómo duerme mi hijo, hemos tenido bastante suerte en ese sentido.
Lo está pasando muy mal con la boca. Lleva varias semanas que se le cae la saliva por la barbilla y no para de masajearse las encías con los dedos. Han roto, por fin, uno de los incisivos superiores que le faltan y también una de las muelas superiores. Otra de las de abajo parece que despuntará en breve y tiene otras dos y el incisivo restante en ebullición. En total son 8 dientes fuera, dos de ellos muy cortitos todavía: 7 incisivos y 1 muela.
Algunas veces juega con sus juguetes sin que esté yo con él. Se entretiene 10-15 minutos con un poco de suerte. Lo habitual, en cualquier caso, suele ser que quiera jugar conmigo. Me coge la mano y me lleva a donde él quiera para que le enseñe lo que sea. Tiene un libro con dibujos y el nombre de esos objetos con el que está obsesionado. Me sienta a su lado, me pone el libro encima, me coge el dedo y va señalando los objetos para que le diga los nombres, así nos podemos pasar 3/4 de hora hasta que siento que me va a dar ansiedad y le digo que no puedo más (explicación que normalmente no entiende y se cabrea porque de por concluido el entretenimiento).
Uno de sus principales entretenimientos consiste en conseguir que alguien le lleve en brazos y le vaya nombrando las cosas que él señala. La cocina es un sitio especialmente interesante para ese juego. Mis padres y mi marido le enseñan, por ejemplo, los nombres de las frutas y se las dan para que las toquen.
Actividades favoritas:
– Chuparse el dedo sin descanso. Tanto que para ir caminando nos da la mano que no necesita para poder seguir chupándose el dedo mientras se desplaza. Hasta gateando se chupa el dedo.
– Pegarse al mueble de la tele y quedarse ahí apoyado, de pie, dando porrazos de vez en cuando a la tele y/o señalando las cosas que salen. El rosco de Pasapalabra, por ejemplo, le encanta. 
– Tirar todos los DVDs que están a su alcance, una y otra vez, y cuando ya los tiene todos en el suelo, sentarse entre ellos y seguir lanzándolos. Cuando esta actividad ya le ha aburrido, empieza a mascarlos todos hasta que arranca el plástico.
– Rasgar cualquier libro, revista o folleto que encuentre en su camino para, seguidamente, empezar a comerse el papel. Las etiquetas de la ropa con los precios le chiflan, en las tiendas hay que tener ojo de que no las arranque para comérselas.
– Abrir cajones y cajas de cualquier habitación de la casa y sacar absolutamente todo fuera, lanzándolo hacia atrás.
– Meterse dentro de las papeleras para sacar todo fuera.
– Meterle el dedo en el ojo a la perra una y otra vez (la probe se deja hacer de todo) o pellizcar con toda la mano a uno de mis gatos (el otro no se deja ni de coña). 
– Arrancar las piezas de la alfombra-puzzle de foam en la que se supone que debería estar jugando, arrastrarlas por toda la casa mientras gatea y mordisquearlas. 
– Coger a quien sea de la mano (lo hace hasta con desconocidos) y llevarle de paseo por toda la casa. Es incansable. Ahora que ya camina solito me imagino que la nueva actividad va a ser recorrerse la casa una y otra vez aunque lo cierto es que esta mañana me está pidiendo igual que siempre que le lleve a caminar de la mano. Ya veremos…
– Escanear el suelo con ojo clínico para coger cualquier pelusilla, hilo o chinita del arenero de los gatos para llevársela a la boca y mascarla como un chicle, negándose a que se la saquemos ni por las buenas ni por las malas.

Medidas aproximadas: de peso, unos 10.200 kg y de altura… la altura me ha costado muchísimo medirla así que es probable que esté mal tomada, en cualquier caso, creo que en torno a los 78 cm.

Seguro que me dejo cosas, ¡el mes ha dado para mucho!.