Hay rutinas de crianza que son básicas en cada familia.

Hoy os explico una que para mi es importante. Son 10 frases que digo a mis hijos a diario. Las expreso porque las siento, obviamente, pero también como mecanismo para estrechar nuestra relación con los niños. Y para que ganen en bienestar. Para que crezcan como personas.

Hace un tiempo os hablaba de una rutina que llevamos a cabo todas las noches desde hace unos años: lo mejor y lo peor del día. Un momento breve pero al mismo tiempo muy intenso que nos sirve para sincerarnos, para pedir perdón si es necesario y para profundizar en todo aquello que durante el día quizá no hemos reparado.

Repetir estos enunciados positivos todos los días es una costumbre que me tomo muy en serio y que me parece un pilar importante de nuestra crianza.

Por ello, son frases o ideas que trato de verbalizar tanto si la jornada está siendo buena, mala o regular.

 

El poder de las palabras

Los que me conozcáis un poco sabéis que para mi las palabras tienen un gran valor.

Por un lado, las palabras nos sirven para expresar cómo nos sentimos y qué pensamos.

Por otro, las palabras son origen de gran parte de lo que ocurre en nuestro interior puesto que nos producen nuevas sensaciones, emociones e ideas.

Una sola palabra puede hacer a una persona muy feliz o totalmente desgraciada.

Esto ocurre aún más con los niños, cuyo cerebro está en formación, así como el control de sus pensamientos, emociones y sentimientos.

Nuestras palabras pueden ayudar muchísimo a nuestros hijos a crecer emocionalmente, a sentirse mejor, a expresarse con sinceridad y, por qué no, a portarse mejor.

Creo muchísimo en el valor de las palabras positivas y del enfoque adecuado para cada cosa que les queremos transmitir. Por eso hago lo posible por no perder los papeles sino, muy al contrario, pensar mucho lo que digo y cómo lo digo.

Motivarles es fundamental para ayudarles a organizar su cabecita y, al tiempo, hacerles responsables de sus actos, generando en ellos la confianza necesaria para creer en si mismos y tomar sus propias decisiones.

Educar con el ejemplo, compartir mis propias emociones, pedir perdón cuando es necesario, me parece también parte importante de su aprendizaje. Además de ser un vehículo sencillo para estrechar lazos con ellos.

 

10 frases que le digo a mis hijos a diario

Estas son las mías, pero bien podrían ser tus propias frases. Seguro que muchas ya las dices.

Pero si aún no lo estás haciendo te invito a que me copies y me digas qué tal os sentís al cabo de unas semanas.

 

1.- “Estoy muy orgullosa de ti”

Quiero que mis hijos sepan que, aunque a veces regañe constantemente, valoro muchísimo sus logros y todo lo que se esfuerzan por mejorar cada día.

Quiero que sepan que el orgullo de ser su madre es un sentimiento inmenso, un verdadero motor para ti.

También quiero que mis hijos sepan que son especiales. Porque cada uno de nosotros lo somos.

Ambos son muy diferentes pero igualmente únicos. Valoro su diferencia, su autenticidad, lo genuinos que son. Y quiero que sepan que no necesitan cambiar ni por mi ni por lo que la sociedad algún día diga, porque cada uno debemos encontrar nuestro lugar en el mundo. Y que sus padres siempre estarán orgullos de los logros que consigan en su vida, sea cual sea el camino que tomen.

 

2.- “Estoy segura de que puedes hacerlo mejor si te esfuerzas. Yo puedo ayudarte a conseguirlo”

Mayor va dejando atrás esa época de la infancia en la que todo es feliz, divertido, y lleno de fantasía. Por desgracia, la edad le va trayendo poco a poco al mundo real y todo lo que el conlleva. El mundo de los adultos no es especialmente bonito, sobre todo si no nos esforzamos en perseguir nuestra felicidad.

Mayor tiene que afrontar que las cosas no siempre salen bien. Incluso cuando uno se ha esforzado. Incluso cuando uno lo deseaba mucho.

Soy la primera que me encantan los mensajes de auto-ayuda tipo Mr Wonderful. Pero también soy muy realista.

No es cierto que se pueda conseguir todo en la vida, ni que se pueda conseguir sólo con desearlo mucho. Pensar que esto es así, que la vida nos debe algo, creo que es un serio error y que genera un alto nivel de frustración y posterior infelicidad.

Por eso, quiero que mis hijos sepan que valoro muchísimo cada pequeño esfuerzo que hacen en su crecimiento y que les voy a acompañar incluso cuando se equivoquen. Muy especialmente cuando se equivoquen.

Quiero que sepan que todos podemos mejorar, crecer como personas y como profesionales. Pero que eso se consigue con esfuerzo y con dedicación. Y que ahí me tendrán siempre, para apoyarles en lo que necesiten.

 

3.- “Entiendo cómo te sientes pero (…)”

El Peque está en un fase muy rabietosa.

Creo que definitivamente está dando el paso de bebé a niño y con su nivel de alta demanda no está siendo fácil. Creo que siente que si termina de convertirse en niño dejará de tener todo aquello que tanto necesita, especialmente de mi. Parece que cree que la mejor forma de seguir teniéndome es siendo bebé para siempre. Y para ser bebé y demostrar que no puede prescindir de mi, acaba portándose mal, desobedeciendo, o enfadándose por cosas que, como adultos, nos parecen realmente absurdas.

Al margen de que en medio de una rabieta no se puede dialogar, creo que en esos momentos, además de la contención, lo único que se puede hacer es empatizar.

No sé si es porque tengo un master en rabietas (los que me leéis desde el principio sabéis hasta qué punto nos lo hizo pasar mayor) pero debo reconocer que no me cuesta manejarlas (o al menos me cuesta menos que otros aspectos de la crianza). Y creo que es porque no me cuesta empatizar.

Y es que yo les entiendo. Les entendiendo muchísimo.

Pero al mismo tiempo, que yo les entienda no significa que pueda aprobar lo que están haciendo.

Hacerles entender que mi obligación como madre es explicarles lo que está bien y lo que no, con independencia de que les entienda… es complicado. En cierto modo es una contradicción porque ¿cómo es posible que me regañes o que no hagas lo que yo quiero si al mismo tiempo dices que me entiendes?

Algunas veces me enredo más de lo necesario, lo reconozco. Porque acabo filosofando y quizá explicando cosas que no son para su edad. Lo hago porque creo que cuanto antes entiendan que la vida es un delicado equilibrio entre lo que deseamos y lo que puede ser, mejor para ellos y para todos los demás.

 

4.- “Me ha encantado cuando (…)”

La crianza de dos niños como ellos no es sencilla y menos si al mismo tiempo uno intenta organizarse para trabajar desde casa.

Algunos días hay tensión. Al principio mía. Y luego se acaba transmitiendo.

Por eso, porque no es razonable que una jornada sea una larga sucesión de esto no, esto tampoco y de caras largas, trato de expresarme (siempre que puedo) en términos positivos.

Es increíble lo bien que funciona cuando, en lugar de reprochar todo lo malo, les reconoces las cosas que hacen bien y que te encantan. El efecto en ellos y en uno mismo es asombroso. ¡Probadlo!

 

5.- “¿Y tu qué opinas?”

En nuestra casa mandamos los adultos. Lo pongo en cursiva porque dicho así suena muy dictatorial pero tiene su explicación y ellos la conocen: los adultos decidimos porque tenemos conocimientos y experiencia y sabemos lo que es mejor para todos.

Pero esto no significa que su opinión no importe nada.

Si algo he repetido cientos de veces en este blog es que no entenderé jamás porque la sociedad trata a los niños como ciudadanos de segunda.

No lo son. Los niños deben tener su criterio, cada uno dentro de su madurez y desarrollo.

Pero es fundamental que tengan su punto de vista, que sepan que pueden formarse una opinión, que eso se hace primero informándose y luego meditando y que pueden defender su criterio siempre que lo hagan son sensatez y respeto.

Así que sí, nosotros les preguntamos muy a menudo por su opinión y por lo que ellos quieren hacer.

Eso no significa que vayamos a hacer lo que ellos quieren, pero sí que lo tenemos en cuenta.

 

6.- “Necesito ayuda, ¿me echas una mano?”

Papá y mamá sabemos muchas cosas y podemos hacer muchas cosas… Pero no somos todopoderosos.

Lo cierto es que necesito ayuda muy a menudo, para actividades grandes y pequeñas.

A veces tengo las respuestas de aquello que me preguntan. Pero muchas veces no tengo ni idea.

No necesito ser infalible para ser su madre. De hecho, creo que está muy bien que entiendan que todos necesitamos y merecemos ayuda y que la familia es un equipo de apoyo indispensable para el ser humano.

También creo que para su autoestima es sano ser conscientes de que, aunque sean pequeños, hay muchas cosas que pueden hacer y que dan resultados muy evidentes, de los que todos podemos disfrutar luego.

Por otro lado, ser conscientes de que como individuos somos pequeñitos en un Planeta lleno de gente, con muchas cosas que escapan a nuestro entendimiento o a nuestra voluntad, les hace abrir la mente hacia el conjunto y no tanto hacia la individualidad.

¿Y qué hacemos cuándo no tenemos la respuesta que buscamos o no sabemos hacer algo? ¡Pues lo buscamos en Google! Que ya sabéis que aquí somos 100% online y queremos que la tecnología forme parte de su vida desde pequeños.

 

7. “Gracias”

¡Cuán a menudo damos por descontado las cosas! Como si la gente estuviera obligada a ser amable, a compartir o a ayudarnos.

Hay que distinguir entre lo que a nosotros nos gustaría (que fueran amables) de lo que realmente podemos esperar (¡nada!). Creo que hay que tener claro que el mundo no nos debe nada. No podemos obligar a nadie. No hay que tener expectativas.

Además, los actos de bondad deben surgir de nosotros sin esperar nada a cambio.

Desde ahí, debemos ser agradecidos con aquellos que nos cuidan, nos tratan bien y alegran nuestro día.

No es obligatorio dar las gracias. Ya sabéis que nosotros no somos de obligar.

Pero no está de más recordar que dar las gracias tiene sentido porque:

  • Nos ponemos en el lugar de la otra persona, que no tenía ninguna obligación de ser amable o cariñosa con nosotros.
  • Todo cuesta un esfuerzo, por lo que es bonito valorar ese gesto que han tenido con nosotros.
  • Dar las gracias nos acerca a las personas. ¡A quién no le gusta que le agradezcan lo que ha hecho!

Ah, y una cosa más sobre la gratitud. Vivimos en un mundo extremadamente materialista, en el que todo es de usar y tirar, a un ritmo cada vez más vertiginoso. Aunque en el primer mundo vivamos bien y tengamos preocupaciones ridículas muchas veces, es importante que los niños entiendan desde pequeñitos que no todo el mundo vive con nuestras comodidades. Y que, salvo grandes desgracias, es muy posible que teniendo mucho menos sean tan felices como nosotros ¡si no más! Porque la felicidad no está en todo aquello que tenemos, sino con quien lo compartimos. Así que debemos ser agradecidos por tener todo lo que tenemos, que nos ha llegado con mucho menos esfuerzo que aquellos que han nacido en zonas desfavorecidas del Planeta.

 

8. “Me siento muy afortunada de ser tu mamá”

Me gusta que mis hijos sepan que para mi ser madre cambió mi mundo radicalmente. Que yo sería otra persona totalmente distinta si ellos no estuvieran aquí. Que mi vida cobró sentido cuando por fin conseguí ver un positivo en un test de embarazo.

Y que por muchas dificultades que haya en la vida, nada me hará más feliz y más afortunada que ser su mamá.

 

9. “Aunque me enfade, nunca dejo de quererte

Cuando nos enfadamos, cuando regañamos a los peques, a veces tienen miedo.

Los niños nos quieren con todo el alma y a veces su pequeño corazón se resquebraja cuando nos ponemos serios y ven que estamos enfadados.

Un niño no puede entender que el cariño no es algo que va y viene como una pluma. Los niños tienen miedo de que les dejemos de querer.

Incluso es posible que en el parque hayan escuchado esa frase tan odiosa de “pues ya no te quiero” que algunos adultos pronuncian como si tal cosa.

Pues no, yo quiero que mis hijos tengan claro que por muy gorda que la hayan liado, por muy enfadada que yo esté, nunca jamás voy a dejar de quererles.

Me gusta mucho el libro “Siempre Te Querré, Pequeñín“. Creo que explica esta idea a la perfección. ¡Cuántas veces lo habremos leído!

 

10. “Te quiero”

Hay adultos a los que les cuesta muchísimo decir te quiero.

Creo que todos conocemos familias en los que la frase “te quiero” es casi un tabú.

Expresar los sentimientos es maravilloso: es natural, es tranquilizador y es necesario.

Parece que es fácil expresar nuestro enfado pero no los sentimientos positivos. ¡¿Por qué?!

Decirnos “te quiero” es importante porque, como decía antes, no debemos dar nada por hecho. El amor hay que demostrarlo y hay que expresarlo.

 

He agrupado estas 10 frases para decir a los niños todos los días en una infografía para que las veáis mejor:

10 frases para decir a los niños a diario (infografía)

 

¿Creéis, como yo, que hay frases que debemos decirle a nuestros hijos todos los días? ¿Coincidimos en algunas? ¡Contadme!