Recuerdo haber hablado con mi amiga Tiempos, cuando ambas planeábamos tener a nuestros hijos, que  estábamos de acuerdo en que preferíamos tener una niña. En mi caso, siempre dije que no me gustaban los niños por dos motivos:
– Que soy una persona con un nivel de energía bajo y se supone que los niños son más movidos, con lo cual el esfuerzo físico iba a ser mayor.
– Que el reto de educar me parecía más complicado puesto que no he tenido hermanos ni he tenido una relación demasiado estrecha con mi padre, no tengo referentes. Esta excusa lo mismo es muy patatera, pero así, a priori, me parecía un reto mayor, por ejemplo, enseñarle a hacer pis a un niño que a una niña, o de mayor hablarle de sexo e intentar que sea un hombre de bien y no un caradura picaflor… 
En fin, tonterías que tenía yo metidas en la cabeza, cosas que se dicen sin pensar. Porque en el momento en que me quedé embarazada me daba exáctamente igual que fuera niño o niña y, de hecho, estaba segurísima de que iba a ser niño (es que tengo una teoría sobre los espermatozoides, la frecuencia de las relaciones sexuales y demás que no suele fallar… que casi ya la cuento otro día y así nos reimos un rato). 
Con 12 semanas ya me dijeron que iba a ser niño y salí feliz de la consulta, no me dió pena en ningún momento y todos aquellos miedos o temores que tenía habían desaparecido, ni me acordé de ellos.
Si que es cierto, y es algo que me deja bastante de piedra, que por ejemplo en el trabajo cuando comenté que esperaba un niño algunas personas me dijeron cosas como:
– Ah, un niño – (cara de decepción) – ¿estás contenta?… bueno, pues tendrás que ir a por la parejita.

– Ay, vaya… ¡ya te puedes ir preparando!.
Que la verdad, vas tan feliz con tu eco de las 12 semanas y te sueltan eso y se te quitan las ganas de cumplir.
En mi oficina había un boom maternal y yo era la única con un niño, tenía yo que dar la nota hasta en eso. Y algunas parecía que se sentían en la obligación de consolarme, no lo hicieron con mala fe sino todo lo contrario, pero, hombre, qué falta de tacto, ¿no?.
Pero es que es así, en general se prefiere a las niñas por motivos variopintos… porque en teoría son más calmadas, más dóciles, más cariñosas…
Varias veces le he preguntado a mi marido si le daría pena no tener nunca una niña. Y siempre me dice que no, que ninguna. A mi tampoco me daría pena, en cierto modo, casi prefiero que si tengo otro bebé sea otro niño, creo que de esa forma podrán jugar más y tener más cosas en común. Pero, con el corazón en la mano, sí que quisiera tener una niña porque me gustaría vivir esa experiencia. Me gustaría criar a un hombre y a una mujer, es un doble reto, y me apetece afrontarlo. Así que le digo a mi marido que si algún día tenemos otro hijo y es niño, quizá me plantearía tener un tercero.
Hace poco, cuando fui de rebajas el día 1 de julio con mi madre, mi madre me dijo algo que me dejó un poco triste. Me dijo que si nunca tenía una niña eso que habíamos hecho ella y yo ese día yo no podría hacerlo porque ¿qué hijo va con su madre de rebajas?. No es que mi madre y yo hayamos tenido una relación muy próxima (más bien lo contrario) pero mi madre siempre será mi madre y ambas nos sentimos más unidas durante mi embarazo y creo que mi maternidad nos ha acercado. Nunca hemos compartido demasiadas cosas, pero sí que es agradable compartir un día de tiendas con ella, o algunas otras cosas íntimas que no compartiría con mi padre. 
Se lo comenté a mi marido y me respondió que eso no tenía que ser así, que a lo mejor mi bebito sí que querría ir conmigo de compras o a comer o a lo que fuera cuando se convirtiera en un adulto. Pero lo cierto es que él tampoco tiene ninguna relación con su madre, ni mi padre con la suya ni, en general, ningún hombre que yo conozca (al menos ninguno que se me venga a la mente). Y, sin embargo, sí que es normal ver a mujeres compartiendo ratos de ocio con sus madres.
Aunque pueda ser cierto que los niños pasan más de su padres, no cambia nada. Sigo estando encantada con mi bebito y no lo cambio por nada y sigo queriendo tener una niña, con independencia de que quiera compartir su tiempo conmigo cuando sea adulta o no.
Hace ya varios años alguien me habló de una mujer que había salido llorando amargamente de una ecografía porque le habían dicho que el segundo o tercer hijo también sería un varón. A parecer, la mujer estuvo muy mal porque no quería tener otro niño por nada del mundo. No sé si el caso era exagerado o no, esto me lo contaron hace tantos años que ya ni recuerdo quien me lo contó… pero si efectivamente fue así, hasta el punto de que la mujer se deprimió, me resulta incomprensible. Empezando porque cuando buscas un embarazo sabes que puede pasar que tengas 10 hijos y todos sean niños y siguiendo porque parece que lo natural es querer a todos tus hijos por el único motivo de que lo son, con independencia de que sean niños o niñas. ¿Se podría afrontar una maternidad así?.
Me parece curioso porque este tipo de desencantos parece que sea dan más con los niños. No he escuchado nada de nadie que se queje por haber tenido todo niñas, quizá algún padre que quisiera haber tenido algún niño para jugar al fútbol, pero al final todos están encantados con sus princesitas. Quizá sea porque los hombres se toman todo de otra forma. Aunque tengo la impresión de que parte del gusto de la sociedad occidental por gestar niñas está relacionado con la sociedad de consumo y es que no hay más que ver la de chorraditas de ropa y complementos que hay para niñas y la poca variedad que hay para niños.
¿Qué os parece?. L@s que habeis tenido niños, ¿habeis sentido decepción en vuestro entorno? o ¿vosotr@s mism@s?.