Adry me pidió, a través de Formspring, que comentara este artículo publicado la semana pasada, titulado “¿Somos los padres masoquistas?”.

Aunque os dejo el enlace, resumo brevemente de qué trata por si alguien no tiene tiempo/ganas de leerlo. Su autora comenta que la maternidad tiene muchas cosas positivas pero también negativas y, en cuanto a estas últimas, indica que según estudios recientes las personas que tienen hijos no son más felices que los que no los tienen y que algunas, incluso, son más infelices
Dos citas me han parecido interesantes:
“Las investigaciones recientes revelan que cuidar de los niños no es ni divertido, ni contribuye significativamente a la escala de felicidad, sino al contrario”, explica Eduardo Punset en El viaje a la felicidad.

Según Norbert Schwarz, catedrático de Psicología de la Universidad de Michigan “en la escala de preferencias de Kahnemann, educar a los hijos figura detrás de llevar una vida social, comer, ver la televisión o hacer la siesta (…). De hecho, cuidar de la prole es una tarea obligatoria y el ánimo que muestra la gente cuando se ocupa de realizar dicha tarea no es particularmente positivo si se compara con otras actividades”.

La autora se pregunta si tener hijos da realmente la felicidad y es lo que voy a tratar de responder yo, desde mi punto de vista, claro.

Que hay padres, no muchos afortunadamente, pero aún así seguro que demasiados, que prefieren jugar a la Wii, irse de vacaciones sin la prole e, incluso, trabajar hasta las tantas para no aguantar a la familia, es un hecho. Todos conocemos casos, es algo que se ve a diario. Y no hablo de gente que quiere evadirse y respirar un poco, no, hablo de gente que está hasta el moño y más allá de sus vástagos.

Desde que el hombre es hombre, cada cual ha tenido sus gustos y preferencias. Que hay personas que son infelices teniendo familia porque se sienten lastrados o porque les aburre compartir tiempo con ellos es algo que ocurre desde siempre. Ahora bien, me parece que la gran diferencia con respecto a la época actual es que ahora se puede elegir. Hasta hace no mucho, no casarse, no tener descendencia, era algo muy raro y desde luego nada deseable. Había que arrejuntarse con alguien, para siempre, y tener muchos churumbeles, porque eso integraba socialmente. Afortunadamente, ahora las personas son mucho más libres, se puede optar por no tener pareja, por tenerla y no casarse, por convivir con personas del mismo sexo, por tener muchos hijos, por no tener ninguno…

Entonces, lo que no me cuadra a mi es por qué se lanzan las personas a tener hijos como si nada, para luego descubrir que es un coñazo, hablando en plata. Creo que todas las embarazadas (yo la primera) hemos tenido pensamientos del tipo: ¿y si cuando tenga al niño esto no es lo esperado, si no me llena, si no me hace feliz?. Tener dudas es normal y deseable. La impresión que yo tengo es que a día de hoy hay bastantes personas que se dejan llevar con la corriente, que nunca se hacen preguntas, que hacen lo que tienen que hacer porque es socialmente correcto sin plantearse si realmente es lo que quieren o no. Entonces viene el disgusto, la tristeza, el vacío, la sensación de haberse equivocado… Sólo que en el caso de los hijos no hay marcha atrás, pobrecitos, a mi se me parte el alma…

Muchas veces he dicho que a los adultos hay que pedirles responsabilidad, madurez, reflexión. Equivocarse, tener dudas, meter la pata una y mil veces, todo eso es normal, así se aprende en la vida. Lo que no me parece justificable es vivir al día, hacer la cosas sin pensar y según vayan viniendo, porque hay cosas, como la maternidad, que es un asunto que trasciende de nosotros mismos y, por eso, porque hay otra vida implicada, merece la reflexión más profunda que podamos hacer en nuestras vidas.

¿Los hijos hacen felices o infelices?. Mi sentido común me dice que quienes los han deseado con todas sus fuerzas, quienes han traído vidas a este mundo desde el convencimiento absoluto de que eso era lo que deseaban, tienen necesariamente que ser felices. Criar un niño tiene sus momentos duros, por supuesto, pero quien ha sentido el amor por un hijo sabe la felicidad que eso despierta en el alma de unos padres. ¿Por qué repite la gente si no?. ¿Por qué quiero yo tener otro hijo a pesar de lo que he pasado?. Porque jamás en mi vida me he sentido más feliz, porque he encontrado mi sitio en el mundo, porque no concibo mayor felicidad la de haber engendrado a mi hijo.

Del mismo modo, quien haya tenido hijos sin que la idea estuviera madura, corre el riesgo de no ser feliz. Menos mal que estoy convencida de que un hijo engrandece tanto a una persona que incluso así, estoy segura de que muchos verán en ese vástago una felicidad inesperada. Sobre los demás, los que no meditaron suficiente lo que iban a hacer y después se encuentran acorralados, poco tengo que decir. No puedo hacer leña del árbol caído porque debe ser muy duro darse cuenta de que has traído un niño a este mundo teniendo muy pocas ganas de criarlo… aunque quizá algunos ni se hagan ese planteamiento… Sólo espero que, al menos, tengan la bondad suficiente para esconderlo y darles a esos niños una vida feliz porque infancia sólo hay una y, desde luego, ellos no tienen la culpa.

Si os apetece, os invito a que contestéis vosotros la pregunta y me deis vuestra opinión.

Y aprovecho para recordaros que si os apetece que comente cualquier tema, noticia o artículo, podéis pedírmelo por mail o a través de la casilla de Formspring que se encuentra en la columna de la izquierda.