Ayer hablaba del síndrome premenstrual, una puñeta que ha hecho su aparición después de haber tenido al niño. Y es que en mi caso, como en el de muchas mujeres, mi ciclo menstrual ha ido evolucionando con los años, dando un giro bastante significativo. 
Mi primera regla fue con 13 años muy largos. En los meses previos me pasaba que varios días al mes me encontraba mal, incluso tenía décimas de fiebre. Hasta que un mes empecé a manchar de color marrón y, finalmente, me vino la regla. Aquellos años, desde los 14 a los 17, los recuerdo como un desastre en lo que a la menstruación se refiere: me venía en cualquier momento, me llegó a durar un verano entero (¿os imaginais un verano entero con compresa?), me dolía muchísimo, luego desaparecía durante dos o tres meses… Horrible.
Con 17 años el ginecólogo que me veía me recetó la píldora. Aquello cambió mi vida, no puedo decirlo más claro. Creo que quien haya padecido de estos trastornos sabe a qué me refiero. De pronto dejas de tener dolores, de tener malestar, empiezas a tener reglas suaves, cortas, regulares. Una maravilla. Y también una tranquilidad desde el punto de vista anticonceptivo, aunque fuera secundario (nunca hubiera tomado la píldora con esa edad como método anticonceptivo si no hubiera tenido problemas con la menstruación).
Tomé la píldora hasta el mismo mes en que me casé, es decir, en noviembre de 2007. Tenía 25 años. Después de unos 8 años tomándola, esperaba que todo volviera a ser como en mi adolescencia. Sí y no. 
Por un lado, las reglas volvieron a ser irregulares. Mis ciclos podían ser de entre 25 y 38 días. A veces manchaba en el momento previo a la ovulación, lo que me hacía pensar que tenía dos reglas al mes (erróneamente). 
Pero, por otro lado, no me volvió con tanto dolor de ovarios como tenía antes. Lo que sí es cierto es que experimentaba muchos síntomas que son comunes también a los primeros signos de embarazo: dolor en el pecho, sensibilidad extrema en los pezones, tripa muy hinchada, sensación de burbujas en los ovarios, ganas de devolver…
Si tuviera que comparar la regla antes de la píldora y la regla después, diría que la de después era mejor, más llevadera, aún dentro de la irregularidad.
Desde noviembre de 2007 hasta enero de 2009 estuve intentando quedarme embarazada. Como no empecé a utilizar el sintotérmico hasta mediados de 2008, no puedo saber con exactitud qué pasaba en mi cuerpo por aquella época, pero más o menos me puedo imaginar. En mi caso, había dos errores muy importantes que influían a la hora de no quedarme embarazada:
– Yo creía que aunque mi ciclo durara 40 días, tenía que ovular en el día 15. Esto es falso. El periodo que va desde la ovulación a la regla (fase lútea) es siempre el mismo en todas las mujeres y todos los ciclos, lo que varía es el tiempo que pasa desde la menstruación hasta la ovulación. Los retrasos con la regla no existen, lo que se retrasa o no aparece, es la ovulación. Nosotros centrábamos mucho nuestra atención en esos días en torno al 15 del ciclo, cuando en realidad en ese momento ni había ovulado ni estaba cerca de hacerlo, porque mi ovulación era cercana al día 23, más o menos.
– Cuando manchaba días antes de la ovulación, lo confundía con una pequeña regla. Por tanto, como estaba manchando, no tenía relaciones. Y ¡¡justamente era en ese momento cuando tenía que tenerlas!!.
Como digo, el uso del sintotérmico me ayudó a aprender de mis errores y a descubrir qué días eran mis días fértiles. Usándolo me quedé embarazada en 5 meses, no está mal.
Después de la cesárea, estuve sin la regla hasta que mi hijo cumplió tres meses. Justo el mes anterior había abandonado nuestra escasa lactancia materna y veintitantos días después me bajó. 
¿Se parece mi menstruación actual a la que tenía antes?. No demasiado:
– Mis ciclos siguen siendo algo largos y no son idénticos, pero ahora están siempre en torno a los 28-30 días, es decir, no hay una horquilla tan grande como antes.
– Ahora detecto muy bien las fases del ciclo en las que estoy, sin necesidad de tomarme la temperatura basal. Esto es, sobre todo, porque controlo bien los signos de mi cuerpo. 
– También es cierto que mi moco cervical ahora es abundante, lo que hace muy evidente el momento de la ovulación. Antes de tener a mi hijo tenía poco moco cervical, incluso es posible que algunos meses no ovulara. Ahora tengo mucha cantidad y la clara de huevo es fácilmente perceptible, hay meses que tengo súper ovulaciones, como yo las llamo.
– Quizá lo único regular sea que ahora tengo un síndrome premenstrual muy acusado. Algo malo tenía que tener.
En líneas generales, creo que mi menstruación se ha ajustado y todo marcha mejor que hace unos años. De hecho, tengo el presentimiento de que la próxima vez no me va a costar tanto quedarme embarazada, ya veremos.
Mi madre siempre me dijo que cuando tuviera un hijo todo se me regularía y no se equivocó. Esa fue su experiencia y también ha sido la mía. Así que para las que estéis sufriendo con estas cosas, que sepáis que hay esperanza, ¡los ciclos menstruales siempre pueden cambiar con el tiempo!.