Una persona que conozco me comentó que tuvo un parto bastante traumático y, consecuencia de él, su bebé nació con la carita bastante deformada e hinchada. Según me decía, ella no sintío ese amor cegador que hace ver guapos a todos los bebés propios, sino que pensó que era bastante feo. Y su marido estuvo de acuerdo. Afortundamente, ese tipo de fealdad se arregla con el paso de las semanas porque es simplemente debida al esfuerzo del parto. 
Pero, seamos sinceros, sí que hay bebés y niños feos. No se lo vamos a decir a sus padres, pero todos hemos pensado en más de una ocasión: vaya bebé (o niño) más horroroso. Yo lo pienso cada vez que abro la revista Ser Padres por la sección esa donde publican fotos de niños recién nacidos. Hay veces que pienso: ¿no sentirán sus padres vergüenza de haber mandado esas fotos tan poco favorecedoras?, ¡yo les mataría cuando fuera mayor y me viera en esa foto publicada a la vista de todo el mundo!. Digo yo que una cosa es el amor inmenso que se siente hacia un hijo nada más verle, ¡y otra es estar ciego!.
Estando embarazada, mi amiga MLD y yo comentábamos que no nos gustan nada los recién nacidos con mucho pelito ni muy morenos (cuestión de gustos) y que esperábamos que los nuestros no salieran así porque los íbamos a encontrar feitos. Que los íbamos a querer igual, faltaría más, pero que, puestas a elegir, los preferíamos más bien calvitos.
Yo, que he sido la primera en tener a mi hijo, me preguntaba días antes si podría ser lo suficientemente objetiva sobre su belleza. Es decir, que si salía feo, le vería feo o, por el contrario, me parecería el bebé más hermoso del mundo.
Tengo que decir que, hasta el momento, creo que he sido muy objetiva. Pienso que mi hijo nació con una carita preciosa pero ello no me impidió ver que calvo, calvo, lo que se dice calvo, no estaba, y que tenía unos caracolillos en la nuca que no me gustaban nada (de hecho, en cuanto tuve ocasión, se los corté). Todo el mundo me decía que mi bebé era de los más bonitos que habían visto en mucho tiempo y espero que me lo dijeran sinceramente porque a mi también me parecía precioso.
Sin embargo, como digo, eso no me impidió verle feillo cuando sobre los 20 días de vida se quedó prácticamente calvo desde la frente a la coronilla y muy pelado en el resto de la cabeza. Tenía una frente enorme y eso unido al estirón que dió…me seguía pareciendo mono, pero ya no tan guapo. Yo le decía a la familia: se está poniendo más feillo. Y me decían que no. Entonces, los que no me parecían objetivos eran ellos.
A veces voy por la calle, o me enseñan fotos, y veo bebés preciosos, tanto o más que el mío. Pero otras  muchas veces, como ayer, veo bebés de la edad del mio que me parecen horrorosos, o pienso que sus madres les llevan fatal vestidos…¿Eso es objetividad o es que mi niño me parece tan bonito que todos los demás son feos a su lado?.
Con todas mis fuerzas deseo que sea objetividad y no amor de madre. Yo creo que hay que querer a los hijos tal como son, y si no son los más guapos de la clase, ni los más listos,  ni los más altos, pues no pasa nada. Porque no me gustaría nada ser una de esas madres que piensan que sus hijos son perfectos y se ponen a competir sobre sus virtudes en cuanto tienen ocasión.