Estoy un poco desubicada. ¿En serio que la semana que viene es Nochebuena?.
Lo normal en mi sería estar dando saltos de alegría y con los villancicos a todo trapo porque me encanta el mes de diciembre y me encanta la Navidad, pero este año me está pillando casi por sorpresa. De hecho, tengo dos regalos comprados por Internet que todavía no he recibido y ha sido esta tarde cuando me he dado cuenta de que quizá no lleguen a tiempo a poco que se retrasen, ¡no era consciente de que ya estaban aquí las Fiestas!. 
¿Cómo es posible que no me haya zambullido ya en el espíritu navideño?. ¡Esto no puede ser!.
Influye, y mucho, que mi marido lleva una temporada llegando a casa muy tarde, los días se me hacen eternos y estoy derrotada. Y, lo que es peor, a estas alturas seguimos sin saber si tendrá o no vacaciones de Navidad… La cosa no pinta bien. Aunque parezca una tontería, sus vacaciones son también mis vacaciones, nuestras vacaciones. Si él tiene que trabajar en Navidad, es casi como si no fuera Navidad.
Este año no pido que me toque la lotería ni ninguna otra cosa complicada. Quiero a mi marido en casa por Navidad, ¿es mucho pedir?. Que le dejen cogerse unos días de vacaciones y entonces sí podré coger la zambomba y la pandereta.