España es un país donde se asume que se es católico por nacimiento y eso te obliga a hacer la Comunión, casarte por la Iglesia, y bautizar a tus hijos, aunque sólo pongas un pie en una iglesia en esos escasos acontecimientos vitales. A pesar de que cada vez hay más matrimonios civiles, esta decisión suele suponer un problema familiar y no todo el mundo se atreve a plantar cara. Parece que una boda civil es menos boda, luce menos y, claro, aparentar es importante. La fastuosidad acaba siendo más importante que el contenido.
Y mira que nos gusta un sarao. Casarse con pompa y boato no es suficiente, hay que buscar una excusa para celebrar otro gran fiestón y el bautizo es el momento ideal. Antiguamente se celebraban de una manera modesta e íntima pero hoy día muchos tienen casi el mismo número de invitados que un bodorrio, lista de regalos y la gente acude igual de puesta.
¿Lo espiritual?. ¿Mande?…Ni idea, de lo espiritual, ni idea.
Yo creo que en España católicos hay cuatro. Los demás, lo siento mucho, no son católicos. Lo de “católico no practicante” es una excusa para hacer lo que te de la gana con las reglas del club. Si eres creyente pero no te gusta la Iglesia porque estás en contra de muchos de sus dogmas, entonces eres de los míos, pero, ¿por qué empeñarse en una denominación que no te corresponde?.
No quiero desviarme del tema…
Estoy (estamos) a favor de inculcarle a nuestros hijos la espiritualidad desde pequeños. Que vean lo que hay, que contemplen el mundo con espíritu crítico y después que decidan. Si deciden ser católicos (pero de los de verdad, si es posible), fenomenal. Si no, bien también.
Pero yo, por mi santa voluntad, bautizar a mi hijo y que me pregunte el cura que si le voy a educar en la fe de la Iglesia Católica Apostólica Romana…Pues mire, oiga, no, no le voy a educar en esa fe tal como ustedes la contemplan.
Hipocresías, las justas.